Tu gato en invierno: lo que cambia en casa cuando llega el frío

Con las primeras mañanas frías, el gato de casa se muda de sitio sin pedir permiso: deja el alféizar donde pasaba el verano y aparece encima del router, pegado al radiador o dentro del armario que alguien dejó abierto.

No es un capricho. Un gato busca calor de forma natural y, en invierno, se pasa buena parte del día durmiendo en el rincón más templado que encuentra. Lo que puedes hacer tú es que ese rincón sea uno seguro y que lo encuentre antes de inventarse otro.

Un gato no se queja del frío: cambia de sitio. Fíjate en dónde duerme y sabrás si su cama está bien puesta.

La cama: en alto, cerrada y lejos de corrientes

Al gato le gusta dormir por encima del suelo y con la espalda cubierta. Por eso en invierno funcionan mejor las camas tipo cueva o iglú, o una cuna con borde alto, que una colchoneta plana en mitad del salón.

  • Altura. Una silla, una balda baja o el respaldo de un mueble le dan la vista que busca y lo apartan del aire frío que corre a ras de suelo.
  • Sin corrientes. Ni junto a la puerta de la terraza ni bajo una ventana que no cierra bien.
  • Cerca del calor, no encima. A un par de pasos del radiador está a gusto; pegado a él pasa demasiado calor y el aire le reseca.
  • Funda lavable. En invierno pasa más horas en ella y se nota enseguida.

Si tienes más de un gato, pon una cama por cabeza y en sitios distintos. Compartir el rincón bueno por obligación acaba en roces.

Los rincones de calor que conviene vigilar

El problema no es que busque calor, es dónde lo encuentra cuando nadie ha pensado en ello. Repasa la casa con sus ojos:

  • Estufas y chimeneas. Una pantalla delante y la leña fuera de su alcance. El gato calcula mal la distancia a una superficie que quema.
  • La lavadora y la secadora. Mira dentro antes de ponerlas en marcha. Un tambor con ropa tibia es una cueva perfecta.
  • Mantas eléctricas y bolsas de agua. Nunca sin tapar y nunca encendidas si no hay nadie en casa.
  • El motor del coche. Si tu gato sale al exterior o hay gatos por la zona, da un par de golpes en el capó antes de arrancar, que es lo que piden cada invierno protectoras y veterinarios: con el frío se meten ahí por el calor que queda.

Menos luz, menos movimiento: el juego cuenta más

Con los días cortos, el gato de interior se mueve menos y duerme más. Diez minutos de juego por la tarde, cuando ya ha oscurecido, le cambian el día: una caña con plumas, una pelota que ruede o un rascador nuevo en otro sitio de la casa.

Ese rato de juego también le ayuda a no ganar peso en los meses en los que menos gasta. La cantidad de comida no hay que tocarla por tu cuenta: si crees que come más o menos de lo que debería, eso se consulta con tu veterinario, que sabe su edad, su peso y si sale a la calle o no.

El gato mayor lo nota antes

Un gato mayor o con las articulaciones tocadas sufre más el frío y le cuesta más subir. Para él, la cama alta se convierte en un problema: mejor una con borde bajo, en un sitio caliente y sin tener que saltar para llegar. Si lo ves más rígido por las mañanas, más apagado o que ha dejado de subir a donde siempre subía, cuéntaselo a tu veterinario.

Y si el arenero está en una terraza cerrada o en un cuarto frío, plantéate moverlo a un sitio templado durante el invierno. Un arenero en un cuarto helado es un arenero que se usa menos, y si notas que va menos o que hace fuera, coméntaselo también a tu veterinario.


Para su rincón de invierno, en ViveVerde Aranjuez

En la sección de mascotas de ViveVerde Aranjuez tenemos camas y cunas para esta época, y alguien del equipo te explica qué diferencia hay entre una cama cerrada, una con borde o una plana, y cuál le va a tu gato según dónde duerme y cuántos años tiene.

Si te viene bien, cuéntanos cómo es la casa y en qué rincón lo encuentras dormido estos días. Con ese dato se acierta mucho antes con la cama y con el sitio, y te orientamos en la misma visita.