El Kalanchoe blossfeldiana es una de las plantas ornamentales más populares dentro de su género. Normalmente es comercializada como una pequeña planta de interior de flor que se presenta en multitud de colores, además de variedades de flores simples o dobles. Una planta ideal para decorar pequeños espacios de nuestro hogar.

Esta planta la podemos ubicar sobre el banco de la cocina, en el mueble del comedor, al lado de nuestro ordenador, en el cuarto de baño, etc. siempre hay un lugar donde colocar un Kalanchoe y disfrutar de la fuerza e impacto del colorido de sus flores.

 

Su nombre científico es Kalanchoe blossfeldiana y es una especie del género Kalanchoe, endémica de Madagascar. Pertenece a la familia de las Crasulaceae y por lo tanto se trata de una planta crasa o suculenta.

Es una planta perenne semiarbustiva, de porte pequeño que sitúa su altura entre los 30 a 40 centímetros. Sus hojas son carnosas de color verde oscuro, cuyas dimensiones de mueven alrededor de 7 centímetros de largo por 4 de anchura, variando ligeramente según la variedad.

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Su floración está vinculada al fotoperíodo, floreciendo en este caso y en su hábitat natural, cuando la duración del día es más corta que la noche. Su época de floración natural abarca desde finales del invierno hasta finales de primavera.

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Cuidados del Kalanchoe blossfeldiana

Los Cuidados del Kalanchoe blossfeldiana son relativamente sencillos. Decimos relativamente ya que al tratarse de un ser vivo siempre se puede morir, pero la verdad es que estamos ante una planta muy rústica.

Es una planta de interior y que se desarrolla muy bien en zonas de clima cálido, no soportando temperaturas por debajo de los 10 °C.

Florece en su época natural desde finales del invierno hasta finales de primavera. El resto del año, simplemente nos tenemos que limitar a verla crecer y esperar a que con la llegada de días más cortos vuelva a florecer. Por supuesto, podemos forzar su periodo natural de floración cubriendo la planta desde las 5 de la tarde hasta las 10 de la mañana para que tenga menos horas de luz al día. Si optamos por hacerlo, lo debemos hacer todos los días de forma ininterrumpida hasta que florezca.

Como planta de flor, su ubicación en el interior del hogar será en zonas muy bien iluminadas, cerca las ventanas y alejadas de las fuentes de calor o frío, propias de la calefacción o del aire acondicionado.

Si la plantamos en el jardín, elegiremos zonas de sombra o semi-sombra ya que el sol fuerte del mediodía puede dañar sus hojas.

El riego se aplica bajo el mismo protocolo que la mayoría de las plantas crasas, que suelen ser muy sensibles al exceso de agua. Por ello no está de más dejar secar el sustrato de vez en cuando.

Debemos de tener cuidado de que cuando esté en maceta, no se acumule agua en la base de la maceta. Si le colocamos un plato, retiraremos el agua sobrante después de cada riego.

En cuanto a su fertilización, la podemos abonar cada dos semanas. Lo haremos con un abonado rico en potasa y con la mayor cantidad de microelementos posibles.