La mayoría de nuestros clientes suelen tener un pequeño huerto en su casa por lo que cada año intentan aprovechar al máximo el espacio del que disponen y sacar el mayor rendimiento a las plantas de los productos que más les gustan. Cuando se trata de aprovechar el reducido espacio hay plantas como las de los melones o las sandías que aunque puedan gustarnos, la superficie que ocupa el cultivo se puede emplear de una manera más efectiva en otros cultivos. Hay que escoger ya que los recursos son limitados, es lo que los economistas llaman coste de oportunidad.

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El caso es que debido al poco espacio disponible y aunque se intente hacer rotaciones al final se terminan plantando año sí y año también más o menos los mismos cultivos en los mismos sitios. Eso supone, evidentemente, un problema de cansancio del suelo en cuanto a nutrientes (solucionable con una buena fertilización de la tierra) y también problemas de plagas ya que plantamos nuestros cultivos una y otra vez en zonas donde ya han campado a sus anchas hongos, bacterias y demás agentes que ya nos causaron problemas en años anteriores (problemas fitosanitarios).

Bien, pues todos (o la mayoría) de esos problemas se solucionan con los planteles injertados. Pero ¿qué es una planta injertada?, un injerto consiste en coger dos plantas que sean compatibles entre sí en cuanto al crecimiento. Una nos interesa por sus características de raíz y, por ejemplo, es capaz de absorber mejor y en mayor cantidad los nutrientes disponibles en el suelo; o tiene la capacidad de trabajar mejor con un pH que se sale de la normalidad; y puede tener, además, el superpoder de ser resistente a agentes que atacan a las plantas, como los hongos (Verticillium, Fusarium, etc.) o los nematodos (Meloidogyne, Heterodera, etc.).

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Eso sí, mira por donde, esa planta tan genial de cuello para abajo es incapaz de dar un tomate en condiciones (porque estábamos imaginándonos que era una planta de tomate, ¿no?). Produce los tomates más malos que has probado nunca, más parecidos a los limones de la huerta de tu tío que a ese tomate gordo, pintón y suculento que es el que esperabas cosechar, si, si, como los de esa otra variedad que te encanta, que es capaz de dar unos tomates terriblemente grandes y macizos y producir un montón de kilos de ellos a lo largo de su ciclo de cultivo, eso sí es un tomate.., pero vaya, ese tomate tan bueno de comer tiene los pies de barro, se enferma enseguida de raíz y se pone amarillo a las primeras de cambio…

Y ahora ¿qué hacemos??? Pues mira, el homo agricultoris que es muy listo pensó, oye,¿ y si uno esas dos virtudes?, corto el tallo a la planta que me gusta por sus productos y la parte basal de la que me gusta por sus raíces y las uno, de manera que tendré el pie de una y el tallo de la otra… las capacidades de regeneración de la célula vegetal hacen su mágia… et voilá nació la planta injertada, tenemos un Supertomate!!!

 

Bueno, bueno, bueno… todo eso está muy bien, pero imaginemos que además de hacer buenos productos esa parte aérea es capaz de tener resistencias a otro tipo de enfermedades, como virus u oídio… y encima ponemos variedades premium con formas, colores y texturas exquisitas… esa es la colección de planteles injertados de Fitoralia!!!

 

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